La afasia es un trastorno del lenguaje como consecuencia de una daño cerebral. Hay muchos tipos de afasia y puede causar problemas de comprensión, de expresión, de lenguaje y de escritura. En este artículo me voy a centrar en la afasia expresiva o de Broca y una de sus principales consecuencias que es la anomia (es la dificultad de nombrar cosas conocidas por el paciente como objetos, personas o lugares).

Desde mi experiencia personal, en la que tengo muchos diálogos con pacientes afásicos, dependiendo del grado de afasia que tenga el paciente, a veces resulta un reto poder entenderse con ellos. Hay que «abrir bien los ojos, las orejas y el cerebro» para poder comunicarse con ellos, muchas veces hay que interpretar lo que nos están contando, también es muy importante su lenguaje gestual para entender algunas palabras que no consiguen decir. Lo principal es tener paciencia con ellos, no meterles prisa, ya que se pondrán más nerviosos y se bloquean más. Es fácil decirlo, pero para las personas que conviven con ellos a veces es muy complicado, ya sea por falta de tiempo o cansancio mental. Por que yo comprendo que estas conversaciones pueden llegar a agotar a los cuidadores.

Lo principal es que el enfermo se sienta a gusto contigo, que tenga confianza, que sepa que si comete un error no se lo vas a reprochar, si no que les vas a ayudar a hacerse entender. 

A las personas con afasia les suele dar mucha rabia no acordarse de palabras sencillas, de nombres de objetos cotidianos, del nombre de sus hijos o de alguna ciudad que han visitado y les ha encantado. Por esto, no hay que agobiarles, ya que se suelen frustrar bastante, recordarles que aunque ahora no les salga el nombre de su hija mayor, por ejemplo, seguro que en un rato sí que van a ser capaces de acordarse.

Os dejo unas pautas a los familiares o cuidadores de los pacientes con afasia para que le ayuden en su rehabilitación y hagan sentir bien al enfermo. Éstas recomendaciones serían:

  • Evitar corregir a la persona, hay que tener mucha paciencia con él. Repetir cuanto haga falta lo que queremos expresar.
  • Mantener un tipo de conversación natural y apropiada para un adulto. Nada de hablarle como a un niño.
  • Minimizar al máximo las distracciones, como por ejemplo el ruido de una radio, o un televisor encendido mientras se está hablando con la persona.
  • Usar oraciones cortas y sencillas.
  • Incluir a la persona con afasia en las conversaciones.
  • Estimular cualquier tipo de comunicación, ya sea hablada, escrita, gestual o dibujando.
  • Muchas veces las personas con afasia necesitan más tiempo para comunicarse que los demás, permitirle que lo tenga.
  • Prestar atención a todos los elementos comunicativos de naturaleza no verbal que la persona pueda trasmitir.

Para terminar, me gustaría recordar que estas personas tienen mucho que enseñarnos, muchas veces te sorprenden porque se acuerdan de los nombres más complicados y no de los más sencillos. Es una pena, porque no son capaces de expresar todo el conocimiento que tienen. Os voy a poner un ejemplo:

Ayer mismo, con una paciente, que ha viajado mucho, estábamos haciendo un ejercicio en el que yo le enseñaba fotografías de monumentos conocidos de todo el mundo,  en este caso, le enseñé una foto de la espectacular Basílica de Santa Sofía de Estambul, ella la reconoció a la primera y como no le salía el nombre, ni de la ciudad ni del monumento, me dijo «eso es el Bósforo«, efectivamente en la imagen que le enseñé se veía el estrecho que separa Europa y Asia. Luego me estuvo contando que fue con su marido y sus dos hijos,  que le encantó ese viaje, su gastronomía, la ciudad  en sí,  esa ciudad  «de cuyo nombre no pudo acordarse».

Jaime Naranjo Alcaide Neuropsicólogo.

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