El caso de Isabel , una mujer de 49 años que sufrió un ictus, su lucha, su evolución, rehabilitación y reinserción laboral.

Me encontraba disfrutando de un frío fin de semana de Enero en la Sierra de Guadarrama cuando recibí una llamada de un número desconocido. Era una mujer, estaba bastante nerviosa. Me comentó que a su hermana había sufrido un ictus hace un mes, que ya le daban el alta del hospital y que no sabían como actuar.

También me dijo que su hermana tenía problemas de lenguaje, en concreto a la hora de expresarse y que estaba bastante deprimida, por eso no había sido capaz de llamar ella.

Concertamos la cita para el martes siguiente para hacerle una valoración inicial y así empezar cuanto antes el tratamiento. Es muy importante actuar con celeridad en estos casos ya que en los primeros meses, debido a la plasticidad cerebral, es cuando más capacidad de recuperación de una lesión cerebral hay.

Valoración inicial

Me presenté en su domicilio y ella me abrió la puerta con una media sonrisa. En cuanto nos sentamos me confesó que estaba muy nerviosa que toda esta situación le superaba, según me contaba esto se puso a llorar. No era nada nuevo, desde que tuvo el derrame, se encontraba así, con labilidad emocional, a ratos estaba bien y otros se los pasaba llorando, no era capaz de hacer cosas por sí misma, por eso me llamó su hermana, no conseguía dormir por las noches, comía dulces compulsivamente, en definitiva, un estado de ansiedad muy elevado.

Dejé un rato que se desahogara, le comenté que era normal como se sentía, que no tenía de que avergonzarse ya que a todo el mundo le pasaba, que ya vería que con el tiempo, el apoyo de sus seres queridos y la medicación volvería a tener estabilidad emocional.

Poco a poco fue cogiendo confianza y se fue tranquilizando, empezó a contarme que era profesora  de Secundaria de Lengua Castellana y Literatura, y que de repente empezó a notar que no le salían las palabras, sintió un mareo y tuvo que parar las clases, los alumnos avisaron a otro profesor y rápidamente vino la ambulancia. Gracias a la velocidad con la que actuaron todos el daño no fue mayor, físicamente no tiene ninguna secuela. Salvo que ahora se agota con facilidad, lo normal en estos casos.

Todo su mundo se vino abajo en un abrir y cerrar de ojos. Una mujer tan fuerte que nunca había tenido ninguna enfermedad seria, que había criado prácticamente sola a sus dos hijas de 15 y 17 años, ella que era tan independiente, que podía con todo, y ahora necesitaba de la ayuda de amigos y familiares para cualquier cosa.

A primera vista Isabel tenía un discurso espontáneo coherente, debido a su facilidad de palabra era capaz de dar rodeos a las frases cuando no encontraba la palabra que quería usar. Los bloqueos venían cuando tenía que evocar palabras concretas como nombres propios, de lugares o calles. Además de confesarme que tenía problemas para la lectura, sobre todo en voz alta. Esto le causaba una gran frustración debido a su actividad profesional a  la que estaba deseando volver, tenía unas expectativas irreales ya que pensaba que en un par de meses podía estar de nuevo trabajando con normalidad.

Le expliqué que debía tomárselo con calma y que lo primero que debía hacer es recuperarse del todo, que ahora sólo debería centrarse en sí misma y curarse bien. Lo entendió perfectamente, me explicó que ella no tenía ni idea de como era el proceso de rehabilitación en estos casos, que confiaba en mí y haría todo lo que le recomendase.

Después pasarle algunas pruebas, el primer día no quería saturarla. Llegué a la conclusión de que Isabel padecía Anomia , un pequeño deterioro en la memoria episódica y problemas de lectura. Su fluidez verbal y semántica eran bastante pobres para lo que se podía esperar en una persona con su nivel cultural.

Tratamiento

Dos días después empezamos el tratamiento. Isabel estaba un poco más tranquila, le expliqué el programa de intervención que íbamos a llevar. Íbamos a trabajar los aspectos del lenguaje y de la memoria que se habían visto afectados por el tumor. Empezaríamos con dos sesiones semanales y luego le dejaría unas tareas y recomendaciones para que las realizara el fin de semana. Ella lo aceptó de buen grado, estaba dispuesta a esforzarse al máximo para recuperarse y volver a su vida normal.

Las primeras sesiones fueron duras para Isabel, le daba rabia no acordarse de nombres de objetos, personas o lugares que conocía perfectamente. Por eso también era necesario trabajar con ella la tolerancia a la frustración. Además, terminaba agotada del esfuerzo que le suponía.

Seguía durmiendo muy poco por las noches y eso afectaba a su rendimiento. Le aconsejé pedir cita con su médico porque no podía seguir con ese nivel de ansiedad  y esa falta de sueño. Siguió mi consejo y el médico le recetó pastillas para dormir y un ansiolítico.

A los pocos días, se notaba mucho la mejoría de Isabel, descansaba por las noches y estaba mucho más tranquila y optimista. Su rendimiento durante las sesiones cada vez se acercaba más a lo que buscábamos, aunque todavía nos quedaba un largo camino. Prácticamente ya no tenía problemas de memoria episódica, había mejorado su fluidez verbal y volvió a leer las noticias del periódico en el iPad, con un libro no se atrevía todavía. Le recomendé leer en voz alta, tarea que le suponía más esfuerzo, alguna vez le fallaba alguna palabra y le faltaba entonación, pero tenía que seguir intentándolo.

Con el paso de los meses, gracias a su esfuerzo, Isabel fue superando todas las barreras que se le ponían por delante, leía perfectamente en voz alta, no tenía ningún problema de memoria y rara vez se bloqueaba a la hora de recordar algún nombre concreto. También volvió a clases de Pilates para mejorar su estado físico.

Pronto empezaba el curso e Isabel tenía que decidir si volvía al Instituto, ya que si no tendrían que buscarle un sustituto. Me consultó si la veía capaz de volver a dar clases, yo sabía que ella lo estaba deseando con todas sus fuerzas, así que le animé a que volviera a su vida anterior y que además le vendría bien para su recuperación.

Desenlace

Ayer, 11 de Septiembre, recibí una llamada que me ha alegrado la vuelta al trabajo tras las vacaciones, era Isabel emocionada y agradecida porque había vuelto a dar clases con el inicio de curso, no había tenido ningún problema y los alumnos la habían apoyado en todo momento. Seguimos viéndonos una vez a la semana pero no hay mejor terapia para ella que recuperar su vida. Ahora «solo» tenía que centrarse en contagiar a los chicos su amor por Cervantes, Lope de Vega o Lorca.

Jaime Naranjo Alcaide

Neuropsicólogo. M-32592

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