Después de un Accidente Cerebrovascular (ACV) o Ictus lo primero que pensamos en  las consecuencias físicas visibles o en la pérdida de algunas capacidades cognitivas como el lenguaje o la memoria. De los primeros se encargarán los fisioterapeutas y terapeutas ocupacionales, entre otros, y de los segundos nos encargamos los Neuropsicólogos y logopedas. Sin olvidarnos, lógicamente de la figura del neurólogo que será el que recomiende el tratamiento a seguir.

Pero hay otra serie de trastornos que se pueden derivan de haber sufrido un ictus, pueden existir problemas de conducta y emocionales en la mayoría de los casos. Estos problemas psicológicos deben ser tratados por un psicólogo o neuropsicólogo especialista en daño cerebral adquirido. La depresión y la ansiedad influyen negativamente en la rehabilitación del resto de funciones perdidas.

Depresión y ansiedad asociados al ictus

La persona que ha sufrido un ictus en la mayoría de las ocasiones tiene secuelas, como ya hemos hablado, muchas veces estas personas pierden su autonomía e independencia personal, dejan de poder hacer cosas que antes les eran cotidianas.

Dejar de trabajar, necesitar ayuda para el aseo, para comer, pérdida de lenguaje, pérdida de relaciones sociales…los afectados pasan a depender de un cuidador las 24 horas del día, esto hace que se sientan inútiles, baja la autoestima y esto repercute en su salud mental.

La depresión es la más común de las alteraciones psicológicas que sufren las personas que han padecido un ACV, hasta la mitad de los afectados. Después la ansiedad, el miedo, agitación y otros trastornos. Lógicamente, esto varía en función de la gravedad del ictus.

Tratamiento

La familia y sobre todo el cuidador principal son fundamentales en el proceso de recuperación de la persona. Deben tener paciencia con el afectado y dejar que haga todas las cosas que pueda hacer, aunque las haga más despacio o peor, eso fomentará la autonomía e independencia del paciente. Ya que hará las cosas por sí mismo y le generará menor frustración. Será una parte fundamental de su recuperación, si el paciente recibe terapias extras de rehabilitación serán complementarias al trabajo que realice en casa con las actividades básicas de la vida diaria (ABVD) como el aseo personal, la alimentación o vestirse. Todo esto mejorará  su estado anímico.

El entorno social y familiar de la persona debe ser optimista. Evitar situaciones en las que se recalque la situación de dependencia de la persona o aquellas en las que sentir lástima se convierte en el tema principal de la conversación, ya que esto provocará un aumento del estado depresivo de la persona, además de otros síntomas patológicos.

En conclusión, es normal sufrir problemas emocionales después de un ACV como la ansiedad o la depresión. Así que lo mejor sería iniciar una terapia psicológica con el psicólogo o neuropsicólogo, que nos ayudarán a tratar estos problemas, además de darnos unas pautas de actuación para nuestra vida diaria.

Estas terapias se acompañarán del tratamiento farmacológico que el neurólogo considere oportuno  en aquellos casos en los que el estado de ansiedad o depresión impidan realizar un proceso rehabilitador correcto.

Jaime Naranjo Alcaide. Neuropsicóloga.

NºCol: M-32592

 

 

 

 

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