Con la llegada del verano y los desplazamientos propios de la época hay que tener mucho cuidado en la carretera, por desgracia en todos los telediarios nos informan de la cifra de muertos y casi nunca se acuerdan de las lesiones que provocan en los supervivientes. El traumatismo craneoencefálico (TCE) es una de las más importantes, puede cambiar totalmente la vida del afectado directamente por el accidente y a la familia indirectamente.  

Un TCE es un impacto intenso que recibe la cabeza y que causa una alteración del nivel de conciencia o una fractura craneal. Con la alteración de conciencia consideramos tanto la propia pérdida de conciencia o coma, como la confusión o pérdida de memoria para hechos recientes sobrevenida a continuación y como consecuencia del golpe.

Un TCE no es siempre sinónimo de secuelas, ya que hay pacientes que se recuperan totalmente. En los casos más severos, cuando el período de coma es largo o cuando se producen importantes lesiones cerebrales, el paciente se enfrentará a un largo proceso de rehabilitación.

Principales consecuencias neuropsicológicas del TCE

Las principales funciones cognitivas que pueden verse alteradas son:

Aprendizaje y memoria

Después de un TCE es posible que estas personas, como resultado de los diversos daños a sus procesos mentales, muestren dificultades para la adquisición de nuevos aprendizajes. De hecho, uno de los procesos fundamentales para el aprendizaje es la memoria.

Después de un TCE la persona puede tener amnesia anterógrada, es decir, dificultades para fijar nueva información sin importar si esta es semántica (relativa al lenguaje, conceptos) o episódica (acontecimientos ocurridos).

Funciones ejecutivas

Después de un TCE los afectados pueden presentar problemas en las funciones ejecutivas, las personas que experimentan un TCE a menudo se sienten abrumados por los problemas, no saben como solucionarlos, les cuesta planificarse e incluso, regular su conducta.

Lenguaje y comunicación

Los pacientes también pueden ver afectados tanto su lenguaje como sus facultades comunicativas. Pueden desarrollar algún tipo de Afasia. En concreto puede resultarles complicado entablar una conversación de manera fluida o comunicarse por vía escrita, incluso, reproducir lo que otro dice o escribe.

Emoción y conducta

Los TCE también suelen afectar también nuestras emociones y nuestra conducta, llegándose a reportar problemas como apatía, impulsividad, irritabilidad o la aparición de una tolerancia a las frustraciones menor que la que se tenía antes del trauma. Si os interesa conocer más detalladamente los trastornos de conducta derivados de un TCE pincha aquí.

Tratamiento y rehabilitación

La rehabilitación de un TCE requiere de un enfoque multidisciplinar, desde los médicos especialistas en varias disciplinas, que serán los primeros que se encarguen del paciente para que el daño sea el más leve posible, hasta los profesionales que se encargarán día a día de su recuperación. Los logopedas tratarán los posibles problemas de lenguaje, los fisioterapeutas para los problemas motores, los terapeutas ocupacionales para volver a entrenar a los pacientes las habilidades de la vida cotidiana perdidas. Los neuropsicólogos centramos la acción en la valoración y rehabilitación de las capacidades intelectuales y el impacto de las mismas en la conducta.

Jaime Naranjo Alcaide. Neuropsicólogo.

 

 

 

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