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El ictus cerebral o enfermedad cerebrovascular es un trastorno de la circulación cerebral, que se produce de forma brusca. Hay dos tipos, el producido por una isquemia, en la que se interrumpe la llegada de sangre al cerebro, y origina una disfunción cerebral, cuyos síntomas dependerán principalmente del tiempo que se permanezca sin riego y el área afectada. El otro tipo, es la hemorragia cerebral, cuando se produce una ruptura de arteria o vena cerebral. El 75% de los ictus son isquémicos y el 25% hemorrágicos.

Según un reportaje sobre esta enfermedad publicado en el ABC, en España se producen unos 125.000 casos al año. La mayoría de estos casos se producen  en personas mayores de 65 años, pero hasta un 15% se producen en menores de 45 años.

El tratamiento precoz del ictus es vital para que el paciente recupere las funciones perdidas, tanto físicas como cognitivas.

Las personas que sufren un ictus pueden presentar las siguientes alteraciones y síntomas: hemiplejia (parálisis de un lado del cuerpo), afasia o disfasia (alteración del lenguaje), disartria (dificultad para articular palabras), disfagia (dificultad para tragar), ataxia (falta de equilibrio), etc

Los factores de riesgo son:

Edad: Como decíamos anteriormente la mayoría de los casos se producen en mayores de 65 años.

Sexo: Los hombres son más propensos a sufrir un ictus.

Uso de anticonceptivos orales: Aumenta el riesgo de sufrir un ictus, por eso los médicos recomiendan dejar de tomarlos a partir de los 35 años.

Herencia genética: Como la mayoría de las enfermedades, el componente genético es un factor de riesgo.

Tabaquismo: El consumo de tabaco aumenta las probabilidades de sufrir enfermedades cardiovasculares.

Consumo de drogas: Sobre todo cocaína y anfetamina.

Sedentarismo y obesidad: La actividad física diaria reduce el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular.

Diabetes: Aumenta la posibilidad de sufrir un ictus entre 2 y 6 veces.

Indicar que por supuesto, las probabilidades crecen cuando se juntan dos o tres de los factores presentados.

Es muy difícil detectar un ictus con anterioridad a que se produzca, sin embargo, hay algunas señales que nos ayudan a reconocer que se está produciendo: dolor de cabeza súbito e inesperado, falta de sensibilidad en una parte de la cara, dificultad para hablar, etc. Cuanto antes se actúe, más posibilidades de reducir las secuelas y tener un pronóstico más favorable.  En el siguiente enlace se muestran unas pruebas sencillas que nos ayudan a identificar un ictus.

Jaime Naranjo Alcaide. Neuropsicólogo.

 

 

 

 

 

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