El cuidador principal es el gran olvidado en casos de Daño Cerebral Adquirido, todo el mundo piensa en el enfermo, “pobrecito, con lo que ha sido”. Pero pocas veces reparamos en que la persona que convive con él se ve igual de afectado, ya que el paciente pasa a depender totalmente del cuidador. Normalmente suele ser el cónyuge o los hijos, también hay muchos casos de padres que tienen que hacerse cargo de sus hijos.

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Tras un Ictus o un TCE el cuidador tiene que cambiar de rol de una manera inminente, al principio se ve desbordado por la situación. En estos casos es muy probable que el paciente mejore debido a la plasticidad cerebral y a la rehabilitación posterior, eso hace que alivie la sobrecarga del cuidador. En casos irreversibles generará mayor desgaste físico y emocional a lo largo del tiempo.

En el caso de las Demencias Tipo Alzheimer o Parkinson el proceso lento de la enfermedad le permite ir adaptándose poco a poco a la situación que se le avecina.

Hay muchas formas de detectar la sobrecarga del cuidador, hay una escala de Zarit para detectarla.

Los síntomas que se producen en el cuidador pueden ser desde cansancio físico y psicológico, pérdida de peso, falta de sueño, irritabilidad, estado de ánimo depresivo. Mayor consumo de tabaco o alcohol.

También tiene repercusiones en la vida social del cuidador ya que puede haber problemas de aislamiento social, en el trabajo (absentismo, bajada de rendimiento…) problemas legales y familiares.

Recomendaciones para el cuidador:

  • Que se informe acerca de la enfermedad .
  • No abandonar la actividad laboral (puede reducirla ).
  • No abandonar su actividad social ( son fundamentales esos ratos de ocio para evadirse de la situación).
  • No descuidar la relación familiar ( pedir ayuda, intentar que la familia se implique en el cuidado del enfermo).
  • Buscar grupos de apoyo (esto nos ayudará a comprender mejor la situación gracias a otras personas que llevan más tiempo conviviendo con la enfermedad).
  • Buscar ayuda profesional tanto para el enfermo (Auxiliares, Fisioterapeuta, Neuropsicólogo...) como para nosotros mismos, un psicólogo nos puede orientar perfectamente.

En definitiva, el cuidador debe cuidarse para poder afrontar la situación. A veces nos creemos que podemos con todo y que no nos hace falta pedir ayuda a nadie. Es fundamental saber donde están nuestros límites y así haremos más llevadera la carga que se nos ha impuesto. No por dedicar el 100% de nuestro tiempo queremos más a nuestro ser querido enfermo.

Os dejamos un vídeo en el que nos habla de los derechos del cuidador y algunas técnicas de relajación.

Jaime Naranjo Alcaide. Neuropsicólogo.

Col. 32592

 

 

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